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Colores de otoño: Día 5

Escrito por 30 marzo, 2020Ningún comentario

Ya en el ecuador de nuestro viaje, decidimos madrugar para ver si se juntaban todos los astros y nos aparecía ese fenómeno meteorológico, llamado niebla, que podía hacer que nuestras imágenes tuviesen una atmósfera especial y salvar así nuestra visita al hayedo de Otzarreta. No tuvimos suerte e hice lo que pude: alguna foto testimonial, barridos y un poco de macro. La verdad es que no estuve muy inspirado.

Llegó el momento de ir a una nueva localización que se encontraba muy cerca de donde estábamos: la cascada de Uguna. Aparcamos a unos 750 metros de la cascada y empezamos a descender tras coger todo el equipo fotográfico. En este lugar Emilio nos había avisado de que había un hayedo muy especial para él y la verdad es que cuando lo vimos nos quedamos sin palabras. Una luz superbonita lo perfilaba y fue un momento increíble.

Antes de ir a la cascada de Uguna, bajamos a un pequeño hayedo donde pasamos un gran rato y desde allí accedimos otra cascada cercana, por error. En este momento la cámara de Namor decidió pasar a mejor vida y ya no pudo hacer más fotografías con ella. Gracias a Emilio, que ya había estado en este lugar, pudimos llegar, al fin, a la cascada de Uguna.

Como buenamente pudimos, conseguimos llegar a la camper, ya que el camino de vuelta era todo cuesta arriba y pensamos si quedarnos en este lugar para hacer nocturnas o ir a otro que teníamos apuntado. Al final, decidimos ir a una nueva cascada casi a una hora de donde estábamos. Llegamos mientras anochecía y, como el camino era complejo, decidimos tomar algo de merendar/cenar ya que no íbamos a llegar con luz. Una vez repuestos, pusimos rumbo a pie hacia la nueva cascada y fue una pequeña odisea. Pese a ir bien preparados con linternas, el camino no era sencillo, por lo que tomamos todas las precauciones posibles para evitar cualquier tipo de peligro. Una vez que llegamos abajo, Juanma y Namor hicieron un pequeño reconocimiento de la zona y llegamos a la conclusión de que teníamos que abortar. La primera razón fue porque movernos por la zona sin haberla visto de día era bastante peligroso y la segunda, porque el ‘spray’ que tiraba la cascada nos mojaba de forma permanente, por lo que sería casi imposible realizar alguna fotografía digna.

Una vez regresamos a las campers, decidimos volver al hayedo de Uguna. Otros 50′ más que sumábamos al desgaste de llevar otra localización a nuestras espaldas.

Para esta sesión nocturna nos centramos en el mágico gran hayedo del que nos había hablado Emilio y que esa misma tarde habíamos fotografiado. En esta ocasión la idea y la iluminación fueron a cargo de Namor y Emilio, así que yo poco hice, solamente poner mi cámara y esperar. Sin duda, aunque estas imágenes llevan mi firma, el mérito es totalmente de ellos.

Pese a que que el cansancio era enorme y Juanma se encontraba con un fuerte dolor de cabeza, y creemos que con fiebre, no fue suficiente para poder frenar el buen ambiente y las risas entre los cuatro. Ya pasadas las 03:00 horas nos dirigimos a las campers, nos hicimos un chocolate caliente y nos fuimos a dormir.

CON LA COLABORACIÓN DE

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