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Un día en el Parque Nacional de Monfragüe

By 21 agosto, 2019No Comments3 min read

Hace unos meses tuve la suerte y el privilegio de conocer el Parque Nacional de Monfragüe con Juanma, Fernando y Antonio, tres de mis mejores amigos y apasionados de la fotografía. Fue un viaje exprés, pero, sobre todo, inolvidable.

El sábado por la mañana, bastante temprano, fuimos a un hide para ver a una de las aves más comunes del parque: los buitres. En esta ocasión pudimos observar y fotografiar buitres leonados, buitres negros, alimoches, milanos, cigüeñas e incluso alguna abubilla.

Una de las cosas que más me impresionó fue ver llegar y descender a casi un centenar de buitres a escasos metros de donde estábamos. Para que os hagáis una idea, un buitre puede llegar a tener más de 2,5 metros de envergadura y pesar entre 6-9 kilos. Por otro lado, otra de las cosas que más llamó mi atención fue lo “acostumbrados” que estaban esos animales a ese tipo de cebo ya que vinieron a los pocos minutos después de haberlo puesto, incluso volvieron a echarle alimento una segunda vez y vinieron como si nada. Mis sensaciones fueron encontradas ya que no era lo que yo había visto anteriormente. 


Tras terminar esta actividad, cogimos el coche y nos fuimos a recorrer el Parque Nacional, bueno, lo que nos dio tiempo ya que tiene más de 15.000 hectáreas. Durante nuestro recorrido, disfrutamos de los distintos miradores que hay en Monfragüe. También fuimos al Centro de Visitantes, subimos a lo más alto del Castillo y nos paramos en el mirador más famoso: el Salto del Gitano.


Sin duda, lo que más me sorprendió fueron las vistas desde el castillo puesto que teníamos una gran vista panorámica del parque, pero sobre todo por poder contemplar los numerosos buitres en libertad. ¡Impresionante!

También, como última actividad, hicimos una pequeña ruta a pie hasta la orilla del río para ver si nos encontrábamos algún ciervo (nos habían dicho que bajaban a beber agua tras esconderse el sol) y con la intención de realizar alguna fotografía de paisaje al atardecer. 


Al final el atardecer no fue gran cosa, pero disfrutamos de las vistas durante un paseo e, incluso, ¡llegamos a ver un bambi! Ya de noche, barajamos la posibilidad de hacer alguna fotografía nocturna, pero el cansancio nos pudo y pusimos rumbo a nuestro apartamento. Cientos de kilómetros para apenas pasar un día, pero mereció mucho la pena. Infinitas gracias por el viaje que me hicisteis pasar. Muy pronto más y mejor.

NOTA: Algunas de las fotografías que habéis visto son cortesía de mi buen amigo Antonio Molina.

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