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Asturias 2018: día 3

Escrito por 1 agosto, 2018 Ningún comentario

20 de mayo de 2018

Después de haber estado toda la noche haciendo fotografía nocturna y haber aguantado hasta el amanecer despiertos, nos pasamos toda la mañana durmiendo. Sobre las 17:00 horas nos despertamos y pusimos rumbo a las cascadas de Oneta. La verdad es que hasta última hora estuvimos dudando de si volver a la cascada del Cioyo o ver esta nueva localización y ya os adelanto que fue un acierto.

Tras casi una hora después de coche, llegamos al pueblo de Oneta. Cogimos nuestro equipo más ligero y empezamos a caminar por un sendero de unos dos kilómetros, aunque nosotros no lo llegamos a  recorrer entero. La sensación que tuve mientras nos adentrábamos en el bosque era como la de estar en un cuento. Los últimos rayos del sol cruzaban los árboles coloreando de dorado el paisaje y creando una atmósfera espectacular. Fue un momento muy bonito.

Durante nuestro camino pudimos ver dos de las tres cascadas que componen esta ruta ya que el sol se escondía por el horizonte y teníamos que realizar alguna fotografía antes de que llegase la oscuridad.

Exif: Nikon D810 – Nikkor 16-35 mm- ISO 100 – f/14 – 4 seg

 

Exif: Nikon D810 – Nikkor 16-35 mm- ISO 800 – f/13 – 1 seg 
Exif: Nikon D810 – Nikkor 16-35 mm- ISO 100 – f/13 – 20 seg 
Exif: Nikon D810 – Nikkor 16-35 mm- ISO 100 – f/13 – 13 seg 


Ya de noche, y mientras esperábamos a que la luna se fuese, fotografiamos una ruina que imaginamos que en su día fue una noria. Esta edificación se me resistió un poco, bueno, yo diría que bastante y por eso no os puedo enseñar ninguna foto. Llevo varios años sin iluminar y no conseguí hacer lo que quería. Como teníamos más cosas pendientes, desistí. 
El plato fuerte de este lugar era la primera cascada y hacia allá que nos fuimos. Tras numerosas tomas, conseguimos este resultado:

Exif: Nikon D810 – Nikkor 14-24 mm- ISO 4000 – f/4 – 30 seg 


En este caso, la iluminación la llevó a cabo Juanma y yo me dediqué a disparar las cámaras. El sitio era bastante complejo y no podíamos estar moviéndonos mucho. Para que os hagáis una idea, yo estuve 40’ semiacostado en una piedra, calado, con ambos disparadores en la mano y Juanma, desde un lateral, se dedicó a realizar la iluminación. El lugar y donde estábamos era para verlo.

Como sabíamos que la marea estaba en su punto más bajo, decidimos poner rumbo a Las Catedrales, aunque previamente hicimos una breve parada en Illa Pancha, pero la descartamos nada más verla. Cuando llegamos a la playa de las Catedrales nuestra cara fue un poema… ¡El mar llegaba hasta los acantilados! No nos lo podíamos creer. Rápidamente, pero con la máxima precaución, nos fuimos hasta un mirador para, al menos, llevarnos un pequeño recuerdo de este lugar. Solo estuvimos 7’.

Exif: Nikon D810 – Nikkor 16-35 mm- ISO 1600 – f/4 – 30 seg + GND 1.2


Más adelante vimos que la marea baja de este día era la marea baja más alta del año, ¡qué suerte! Sin tiempo para lamentarnos, pusimos rumbo, ahora sí, para Illa Pancha. Era el momento y me atrevería a decir que fue uno de los mejores recuerdos del viaje. Unas nubes asomaban por el horizonte al mismo tiempo que el sol empezaba a salir. Esta combinación nos regaló una explosión de colores difícil de olvidar.

Exif: Nikon D810 – Nikkor 24-120 mm- ISO 100 – f/14 – 4 seg + ND 1.8 + GND 1.2
Exif: Nikon D810 – Nikkor 24-120 mm- ISO 100 – f/14 – 4 seg + ND 1.8 + GND 1.2
Exif: Nikon D810 – Nikkor 24-120 mm- ISO 100 – f/14 – 1,6 seg + ND 1.8 + GND 1.2
Exif: Nikon D810 – Nikkor 24-120 mm- ISO 100 – f/14 – 1,6 seg + ND 1.8 + GND 1.2
Exif: Nikon D810 – Nikkor 24-120 mm- ISO 64 – f/20 – 4 seg + GND 1.2


Si alguien nos vio en ese momento pensaría que estábamos locos ya que prácticamente corríamos de un lado para otro en busca de nuevos encuadres. ¡Qué maravilla! Por cierto, si hay algo que no se me olvidará de ese momento fue nuestra cara de felicidad al mismo tiempo que nos decíamos “Asturias nos debía un amanecer así”. No podíamos despedirnos de esta primera etapa de mejor forma.

Al terminar, nos fuimos al hotel a recoger todo e iniciar el camino hacia nuestro nuevo destino.

PD: Con toda la emoción del momento parece ser que el walki talkie y unos guantes que tenía decidieron quedarse allí hasta la eternidad para seguir viendo los espectaculares amaneceres y atardeceres 🙂

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